Qué es la psicología de la mujer

Las diferencias psíquicas entre hombres y mujeres son obvias. Los mecanismos que se han utilizado para explicar estas diferencias pertenecen a dos tipos de formulaciones teóricas distintas pero complementarias:

  • La teoría biologicista postula que son los factores constitucionales, genéticos y/o endocrinos los que condicionan las diferencias de morbilidad psíquica en ambos géneros.
  • Las teorías ambientalistas sin embargo defienden que son las variables culturales las que actúan a través de roles y patrones de conducta socialmente impuestos, las que en última instancia condicionan el modo en que hombres y mujeres manifiestan su sufrimiento psicológico y sus diferentes estrategias para afrontar los padecimientos psíquicos.

Parece que con toda probabilidad ambas teorías se complementan y son factores muy distintos los que influyen en las características intrapsíquicas de hombres y mujeres. Por ese motivo y sin olvidar las teorías biologicistas, en la actualidad nos encontramos con ciertas patologías concretas que tienen que ver con las variables socioculturales. La premisa de la que partimos para plantear la necesidad de una psicología concreta de la mujer es que la exigencia que la sociedad le impone influye en su bienestar emocional. En los últimos años, la mujer siente la obligación de ser buena madre, buena esposa, buena trabajadora, buena amiga, buena amante, y todo ello acompañado de una imagen corporal perfecta. Resulta imposible cumplirlo y a veces eso genera un gran malestar que a nivel emocional puede derivar en trastornos del ánimo como la depresión y/o trastornos de ansiedad, entre otros.

Nuestra sociedad occidental (tanto hombres como mujeres) ha distribuido entre las diferencias por sexo un valor en positivo para lo masculino, y en negativo para la feminidad, haciendo de lo masculino el valor universal. El reparto de las tareas tal como las conocemos en las sociedades occidentales, no son fenómenos de valor universal generados por una naturaleza biológica común, sino construcciones culturales.

Esta sobreexigencia a la que se enfrenta la mujer de hoy en día se traduce en una sintomatología diaria que se puede reflejar en:

  • Desánimo, desaliento, debilidad, agotamiento
  • Labilidad emocional: cambios de humor que van del enfado a la tristeza o la culpabilidad
  • Trastornos del sueño: somnolencia, insomnio, despertares nocturnos
  • Trastornos de la alimentación: desde atracones hasta cese de la ingesta
  • Disfunciones sexuales
  • Trastornos por somatización: dolores musculares, alteraciones en el aparato digestivo, problemas de equilibrio (mareos)

En ocasiones la sintomatología es más difusa y lo que experimenta la mujer es una sensación que tiene que ver con no sentirse a gusto con su vida: con su pareja, con su trabajo, con sus hijos, en sus relaciones de amistad. Es una sensación de malestar que abarca toda su vida. Es en ese sentir dónde comienza la inseguridad, la incapacidad para tomar decisiones, para pensar de manera fluida, etc. puesto que se ve afectado todo el ámbito físico, psicológico y social.

Además, hay situaciones personales que pueden requerir ayuda profesional por su impacto en la salud emocional de las mujeres:

  • Ruptura de pareja
  • Maltrato físico, psicológico, sexual, económico y social
  • Violencia de género
  • Abusos sexuales en la infancia o adolescencia
  • Procesos oncológicos
  • Ciclos vitales: adolescencia, embarazo- maternidad, menopausia
  • Infertilidad
  • Duelos de figuras vinculares
  • Alteraciones en el normo-peso: sobrepeso, infrapeso
  • Adicción a los psicofármacos
  • No encontrar sentido a la vida
  • Necesidad de crecimiento personal

En nuestro centro, hemos visto como el número de mujeres que acuden a terapia va en aumento año tras año, por eso hemos querido dar respuesta a sus necesidades psicológicas ofreciéndoles un tratamiento especializado y personalizado teniendo en cuenta su condición femenina.

En A TEMPO proponemos una intervención psicológica que provoque un cambio cognitivo, emocional y de comportamiento a nivel personal, partiendo de la situación individual de cada mujer, teniendo en cuenta el contexto familiar y social al que pertenece.