Qué son las dificultades relacionales en la etapa infanto-juvenil

El establecimiento y mantenimiento de relaciones afectivas e íntimas en niños y adolescentes se presenta como una tarea fundamental en su desarrollo psicosocial, con importantes implicaciones para la salud, bienestar y ajuste psicológico. Todos nos relacionamos con otros individuos; mantenemos relaciones familiares, de amistad o profesionales de manera cotidiana, como parte esencial de nuestras vidas. Aunque estas relaciones no están exentas de riesgos para el desarrollo del individuo, cuando funcionan bien, además de ser importantes fuentes de apoyo social, emocional, instrumental o de ocio, contribuyen de manera fundamental a la elaboración y construcción de su identidad y a la mejora de la competencia social. Por ello, un menoscabo en el desarrollo de estas relaciones tiene un impacto muy significativo en nuestro bienestar.

La Teoría del Apego, sin duda, se ha convertido en uno de los referentes más importantes dentro de la Psicología. En este sentido dos conceptos centrales subyacen a esta teoría:

  1. Se entiende que la disponibilidad y el cuidado de las figuras de apego generan modelos mentales en el niño/a sobre sí mismos/as y los/las demás (en cuanto a expectativas, pensamientos, sentimientos y conductas) que les guían en la formación de relaciones futuras.
  2. Se establecen diferentes tipos de apego y se destaca igualmente el rol fundamental que el sistema de apego juega en las relaciones adultas. Si hay seguridad y disponibilidad en esas relaciones (madre/padre-hijo), el niño podrá aventurarse más allá de su zona segura y conocida, y podrá afrontar relaciones nuevas sin dificultad.

 En relación con la infancia, según el modelo de Bowlby, al que denominó el sistema de conductas de apego, ante situaciones amenazantes se activa el sistema de apego; si las figuras de apego se muestran disponibles y ofrecen la atención y cuidados necesarios, se va conformando un sistema de apego seguro. Si no se ofrece esa disponibilidad y atención, el apego será inseguro. Lo deseable, por tanto, sería que las figuras de apego mostraran niveles altos de proximidad, cuidados, atención y disponibilidad para que la persona desarrollara un patrón de apego seguro, lo que le supondrá en un futuro un factor de protección ante las dificultades y situaciones críticas que se pueda encontrar la persona a lo largo de la vida.

De esta manera, los modelos mentales generados en la infancia en las relaciones con las figuras de apego (padres y/o otros cuidadores), forman la base para las representaciones de apego a lo largo de la vida. Es decir, los patrones de apego se forman en las relaciones con los padres, y estos patrones siguen ejerciendo una enorme influencia a lo largo del tiempo en las relaciones futuras.

Las experiencias primeras que un niño hace en el seno de la familia contribuyen a formar su manera de estar en el mundo, e irá determinada por la calidad de las experiencias emocionales. Como se ha ayudado al niño a metabolizar sus ansiedades, como se las han contenido y como han sido entendidas sus necesidades, formarán en él el sentimiento de confianza básica, elemento insustituible de la salud mental, de la capacidad para aprender y la habilidad y el estilo de relación interpersonal que empleará en sus relaciones posteriores.

Vínculo, pensamiento y capacidad de aprendizaje son aspectos de la estructuración interna del niño que van íntimamente entrelazados. Por tanto, los fallos vinculares en etapas tempranas del desarrollo tienen frecuentemente asociado dificultades relacionales para los niños y adolescentes.

 Como hemos visto, el vínculo que se establece con los padres es importante para las relaciones futuras, pero no es determinante. Y si hay dificultades, con ayuda profesional psicológica podemos ayudar al niño a solventarlas.

Síntomas y consecuencias de las dificultades relacionales

Los niños o adolescentes con dificultades relacionales suelen mostrar problemas de integración con sus pares mostrándose ya sea más agresivos, hiperactivos, oposicionistas y desafiantes, o bien mostrando un perfil más inhibido caracterizado por retraimiento, hipervigilancia y ambivalencia en la que alternan el acercamiento y la evitación en sus interacciones sociales.

Como consecuencia se desarrollan patrones de conducta caracterizados por timidez, miedo, aislamiento, impulsividad, irritabilidad, falta de empatía, problemas para cooperar y trabajar en equipo, dificultades de autocontrol y problemas en la comunicación interpersonal.

La autoconfianza, la seguridad personal o la autoestima son elementos en los que se basan en gran medida nuestro desempeño social. Por tanto, cuando estos factores se ven perjudicados, pueden desarrollarse problemas tales como depresiónansiedad, fobias, etc.

Se puede concluir que los niños que experimentan dificultades en las relaciones con sus pares en etapas tempranas de su desarrollo tienen mayor riesgo de presentar diversos problemas de adaptación posterior (en la infancia o adolescencia), incluyendo absentismo y mal rendimiento escolar, conductas antisociales y trastornos emocionales.

Intervención psicológica en dificultades relacionales

Desde A TEMPO los psicólogos especialistas diseñarán un plan de intervención orientado a proporcionar un espacio en el que ayudar a mejorar y aprender nuevas maneras de relación y conducta con el objetivo de que tanto niños y adolescente se desarrollen de una manera más saludable y constructiva dentro de los distintos espacios en los que se desenvuelvan.

En primer lugar, consideramos fundamental un diagnostico preciso de cada caso concreto que permita comprender el origen y las causas determinantes de las dificultades que se están manifestando en la actualidad y que precipitan el motivo de consulta. Se facilitará al paciente (y a sus progenitores en el caso de ser menor de edad) las conclusiones e hipótesis de cara a favorecer consciencia en relación con la situación concreta para posteriormente diseñar unos objetivos de trabajo, siendo los más frecuentes para este tipo de casos los siguientes:

Implicar, en la medida que sea posible, a los progenitores en el tratamiento psicoterapéutico para trabajar con ellos aspectos que permitan mejorar el vínculo y las estrategias de relación de su hijo favoreciendo el ejercicio de una parentalidad positiva. Se facilitarán pautas, estrategias y habilidades de gestión de la relación y los conflictos que puedan ir surgiendo, así como psicoeducación en apego.

Con el paciente se trabajará para mejorar sus habilidades sociales de relación, conducta y comunicación, facilitando estrategias que le permitan un mejor manejo en contextos sociales. Igualmente se trabajarán los bloqueos emocionales y los sesgos de pensamiento. Si el caso lo precisa se trabajarán posibles situaciones traumáticas que puedan estar en el origen y mantenimiento de las dificultades actuales. Todo ello, orientado a reparar las fallas vinculares que puedan existir, trabajando los bloqueos emocionales y dotando al paciente de la confianza y las herramientas necesarias que le permitan disfrutar de la vida y de las relaciones de manera satisfactoria.