Psicoterapia en separación y divorcio

El divorcio supone una de las experiencias más estresantes y dramáticas a las que puede enfrentarse una pareja, y por supuesto, los hijos. El divorcio es un proceso que puede durar meses, años y para algunos no acaba nunca. La separación de la pareja comienza con fallos en el matrimonio, continúa con un periodo catastrófico de ruptura marital y sus inmediatas secuelas y sigue, a menudo durante años con desequilibrio de la familia.

Muchas personas se casan con la idea de que el matrimonio es para siempre, e incluso dentro de la cultura católica, de que es un sacramento, sagrado por naturaleza. Reencontrar significado a la desintegración de la pareja, perdonar a la expareja (o perdonarse a sí mismo) por el fallo en el mantenimiento de la relación, constituye una labor más a añadir al, ya de por sí complicado, proceso de duelo que supone un divorcio.

Algunas familias logran transitar este tramo del proceso de separación y recrear diferentes maneras de relacionarse a partir del reconocimiento de las pérdidas que la misma implica. Sin embargo, otros grupos familiares, se estereotipan en el conflicto con alto costo, sufrimiento y profundos sentimientos de culpa, recurriendo en ocasiones a nuestra ayuda profesional.

Desde A TEMPO, en el abordaje de la pareja o familia en proceso de separación, nos centraremos en el análisis del conflicto en los vínculos de la estructura familiar. En la separación de las parejas sin hijos, la ruptura del vínculo conyugal implica transitar por etapas de dolor, sufrimiento, crisis y duelo, terminando finalmente con la disolución de este. No obstante, la presencia de hijos obliga al mantenimiento de una vertiente del vínculo de alianza, la parentalidad, lo que implica para los miembros de la pareja y sus hijos una situación compleja, difícil de construir y sostener. En ambos casos, recurrir a una especialista resulta de gran ayuda para superar la separación y hacerlo de la manera más funcional tanto para los dos miembros de la pareja como para los hijos.

Separación con hijos

La «familia» es la base del desarrollo humano, dado que es el contexto social privilegiado para dotar de las condiciones necesarias que favorezcan el que sus miembros inmaduros, inexpertos e insuficientes, como son los hijos, alcancen su autonomía a todos los niveles. Además de los cuidados físicos necesarios que garanticen su supervivencia, la «familia» es la que proporciona el clima afectivo indispensable para que el proceso evolutivo transforme al ser biológico que es un bebé, en una persona, en un ser biopsicosocial.

En ese proceso de transformación de individuo biológico en persona, la afectividad ocupa un lugar excepcional. Desde muy tempranamente, los bebés empiezan a desarrollar vínculos afectivos con ciertas figuras significativas del entorno familiar: se trata del apego. A medida que esos lazos afectivos se van consolidando, se despierta en el niño la necesidad de adentrarse y explorar otros entornos sociales que, externos al entorno cotidiano, constituyen el mundo. Para que esto tenga lugar, es necesario que los adultos respondan empáticamente a las demandas de afecto y protección que reclama el bebé. Cuando las respuestas de los adultos a las necesidades del niño son estables, consistentes y amorosas, la convicción de que se es muy valioso para los padres se irá afianzando cada vez más, instaurándose los fundamentos del desarrollo del sentimiento de confianza básica en sí mismo, sustentado en la seguridad de disponibilidad incondicional de los padres, lo que proporciona recursos imprescindibles ante cualquier situación que pueda implicar peligro o amenaza a su persona.

La calidad de estas primeras relaciones afectivas no sólo son claves para el desarrollo emocional, sino que también tienen repercusiones muy importantes en el desarrollo social del niño, al constituirse en el modelo representacional que va a guiar el tipo de relaciones que el sujeto establezca en el futuro. La necesidad inicial de seguridad o estabilidad afectiva del niño se ve seriamente amenazada cuando, por un divorcio o una separación, se rompe el grupo familiar. En estas circunstancias, el mundo afectivo del niño se ve zarandeado por la pérdida o ausencia de uno de sus pilares de seguridad: uno de los padres. Ante la separación de estos, todos los hijos, especialmente los menores de seis años sienten una gran conmoción que trae consigo una intensa angustia, tristeza y dolor, pudiendo despertarse en ellos un miedo cerval a ser completamente abandonados. Estos trastornos emocionales, por desgracia, no suelen superarse con el paso del tiempo, sino que, por el contrario, permanecen con mayor o menor intensidad a lo largo de la vida.

La provisión de estabilidad afectiva y emocional que requiere el desarrollo infantil puede verse seriamente amenazada por la separación o el divorcio de los padres, por ello, consideramos fundamental una adecuada gestión de la separación entre los miembros de la pareja para que el impacto en los hijos sea lo menos dañino posible.

Ha de resaltarse que la calidad de las relaciones afectivas que se forman en la infancia determina la capacidad para establecer relaciones íntimas durante toda la vida adulta, de modo que la relación entre el niño y sus padres es para siempre, siendo un vínculo que los une en el espacio y perdura en el tiempo. Por ello, los niños que en la infancia tienen una base de seguridad y pueden contar con las figuras parentales, desarrollan y afianzan el suficiente sentimiento de confianza en sí mismos como para relacionarse con el mundo de manera sana y provechosa: cuanto más seguro sea el vínculo afectivo de un niño con los adultos que lo cuidan y educan, más garantía hay de que se convierta en un adulto psicológicamente adaptado e independiente y de que establezca buenas relaciones con los demás.

Focos de intervención psicológica

La intervención psicológica se centrará en términos generales en trabajar sobre el lógico desajuste emocional asociado con la tensa situación que suele conllevar la ruptura con la pareja. Igualmente, ayudar a los miembros de la pareja a manejar los sentimientos derivados de la ruptura, elaborar el duelo asociado a la pérdida, gestionar situaciones de crisis, establecer un régimen de custodia, la adaptación al mismo y manejar la repercusión en los hijos son algunas de los focos sobre los que trabajar en este tipo de casos.

En las rupturas con hijos y con relativa frecuencia, la figura parental encargada de la custodia desempeña prácticas educativas erráticas, con poco control sobre el comportamiento del hijo y escasa sistematicidad en el seguimiento de reglas, con las consecuencias negativas que son de prever en el desarrollo de los hijos. El estado de crisis del niño, cuando todavía está presente el lógico desequilibrio emocional del padre o de la madre tras la separación o el divorcio, puede exacerbar los problemas entre ellos en lugar de servir de apoyo mutuo, lo que es especialmente influyente cuando los hijos son menores de tres años.

Ayudar a manejar sus primeras reacciones de temor y su profunda sensación de tristeza y de pérdida, conmoción e infelicidad, particularmente en el período de la ruptura y en el inmediatamente posterior, será otro de los ejes entorno a los que girará la intervención psicoterapéutica que llevamos a cabo en A TEMPO.

Uno de los trastornos específicos y más común derivado de procesos de separación o divorcio de la pareja es el Síndrome de Alienación Parental en los hijos donde los conflictos emocionales asociados con la separación o el divorcio de los padres se intensifican, convirtiéndose los hijos en víctimas de situaciones (sutiles o manifiestas) de manipulación, por parte de uno o de ambos progenitores, para despertar el odio hacia el otro. Las consecuencias derivadas son de severa gravedad siendo la principal que el niño víctima pierde sus vínculos afectivos con uno de los progenitores, ruptura que origina una serie de reacciones negativas, como elevados niveles de angustia y miedo a la separación del progenitor manipulador, sobre todo ante la presencia del otro padre. Estas disfunciones emocionales provocan, a su vez, particularmente en los niños pequeños, alteraciones en los patrones de alimentación y del sueño, aparición de conductas regresivas, bajo rendimiento académico y atencional, pérdida de habilidades sociales, ausencia de empatía y escaso control de los impulsos. Igualmente, los niños que son víctimas del SAP poseen una autoestima muy baja que intentan elevar a través del reconocimiento y el afecto de los otros, utilizando la manipulación con esas personas. Pero, como no siempre lo logran, las ocasiones para sentirse frustrados suelen ser frecuentes y mal controladas.

En A TEMPO contamos con psicólogos especialistas para ayudarte a su detección lo antes posible e iniciar una intervención terapéutica orientada a revertir las fatales consecuencias de una ruptura teñida por el conflicto y la confrontación entre los componentes de la pareja.

Tipos

La depresión se puede diferenciar según su gravedad, pero por simplificar y teniendo en cuenta las tipologías más comunes, podemos encontrarnos con:

Depresión mayor

En la que podemos encontrar los siguientes síntomas:

  • Agitación, inquietud, irritabilidad e ira
  • Aislamiento y retraimiento, necesidad de aislarse de su entorno
  • Fatiga, apatía y falta de energía
  • Sensación de “no poder con nada”, pérdida de interés por la vida, tristeza y culpa
  • Pérdida de placer en lo cotidiano y en situaciones que con anterioridad si fueron agradables
  • Alteraciones en el apetito, con aumento o pérdida de peso en un periodo de tiempo corto
  • En ocasiones pueden aparecer ideas suicidas o pensamientos recurrentes en relación a la muerte
  • Dificultad para memorizar, atender, concentrarse
  • Alteraciones del sueño (por defecto o por exceso)

Distimia

En la distimia o depresión menor, se vive un estado permanente de melancolía, que tiene una duración larga en el tiempo y cuyos síntomas se perciben con menor gravedad que en otros tipos de depresión.

Tratamiento

El tratamiento tendrá en cuenta en primer lugar el tipo de depresión de cada individuo y la situación particular de éste.  El objetivo prioritario es afrontar la depresión para poder superarla y vivirla como algo que se dejó en el camino al terminar la terapia.

  • A través de la psicoeducación el paciente entenderá el porqué y el cómo de este trastorno del ánimo.
  • Se han de regular las necesidades básicas del paciente tanto en relación al sueño como a la alimentación, como primera medida de intervención terapéutica.
  • Trabajaremos para conseguir nuestro objetivo, con terapias de comprobada eficacia como Mindfulness, EMDR, cambio de patrones cognitivos y conductuales y la relajación.
  • Dentro de la terapia el paciente aprenderá a evitar recaídas con el fin de prevenir alteraciones del estado de ánimo en el futuro.