¿Qué es el fracaso escolar?

El Diccionario de la Lengua Española otorga al término fracaso el significado

de «resultado adverso de una empresa o negocio». Por tanto, el fracaso escolar sería el resultado adverso de la escuela y, por extensión, del sistema educativo.

La noción más común del fracaso escolar se asocia al rendimiento académico del alumnado: al suspenso de varias asignaturas que no le permite pasar al curso siguiente o terminar un ciclo o etapa, debido a la no adquisición de los contendidos, competencias u objetivos mínimos contemplados por el programa o currículo oficial.  Hablar de fracaso escolar, por tanto, nos lleva a pensar habitualmente en niños que tienen dificultades para aprobar determinadas asignaturas, el curso académico general e incluso de menores que abandonan el sistema educativo.

Desde A TEMPO entendemos que existe una relación positiva entre el esfuerzo y la capacidad individual, además de que apostamos por la idea de que la inteligencia puede mejorarse por medio del entrenamiento y la perseverancia. Pero sobre todo nuestro objetivo es que el niño se sienta capaz, apoyado, motivado y que encuentre las herramientas adecuadas para superar sus dificultades académicas, siempre desde un apoyo escolar y afectivo.

El éxito escolar tiene como base fundamental la consecución de una serie de premisas básicas que se han de dar en la vida de todos los menores:

  1. Establecer vínculos de calidad basados en la seguridad y la confianza.
  2. Relacionarse con figuras de autoridad y realizar tareas afrontando

las dificultades que implican.

  1. Desarrollar relaciones de amistad y colaborar con iguales.
  2. Construir una identidad positiva, encontrando el lugar que se va a

ocupar en el mundo.

En A TEMPO incluimos estas ideas en nuestro trabajo psicopedagógico.

Intervención psicopedagógica

La intervención psicológica y pedagógica en A TEMPO parte de la coordinación con familia y escuela para conseguir el éxito escolar. No nos limitamos a trabajar con la dificultad escolar porque entendemos que el fracaso escolar abarca dificultades a otros niveles como el social y el emocional.

En el ámbito emocional sabemos que las relaciones de apego y el vínculo que se crea entre el niño y la escuela influyen decisivamente en que se produzca o no un fracaso escolar, por lo que es importante que la intervención haga hincapié en desarrollar importantes habilidades:

  1. Confiar en sí mismo y en otras personas
  2. Comprender, predecir y expresar las emociones
  3. Estructurar de forma coherente su comportamiento en relación con el comportamiento de los demás
  4. Favorecer el sentido de la propia eficacia, de la capacidad de poder hacerlo, de poder conseguir sus objetivos
  5. Desarrollo de la capacidad de trabajo y esfuerzo:
  • Ayudándoles a definir sus propios objetivos, un proyecto de aprendizaje en el que puedan plantearse retos por los que merece la pena esforzarse.
  • Elaborando planes realistas sobre cómo avanzar en la consecución de los objetivos y llevando a la práctica dichos planes a través de hábitos de estudio adecuados, superando los obstáculos que surgen y valorando sus resultados de forma que se favorezca la movilización necesaria para avanzar.
  • Cuidando los mensajes que se trasmiten desde la familia y desde la escuela cuando trabajan intentado superar dificultades, de forma que resulten positivos y alentadores
  • Ayudándoles a superar los problemas producidos por la experiencia de fracaso cuando ésta se produce: analizando posibles carencias de las estrategias de estudio empleadas, poniendo en marcha planes más eficaces de forma que obtengan el reconocimiento que necesitan, y enseñando a definir los fracasos como dificultades a resolver, analizando qué se puede cambiar para mejorar, y enseñando a valorar el progreso, aunque éste se encuentre lejos del objetivo final.

El trabajo con los padres tiene como último fin que puedan apoyar a su hijo con tres pilares fundamentales: confianza, afecto y disponibilidad básica; tiempo y disponibilidad para cuidar y atender en situaciones de cierta exigencia; y límites, disciplina y resolución de conflictos.

Para que esto se pueda llevar a cabo, desde A TEMPO enseñamos a los padres da desarrollar determinadas habilidades en relación con su hijo:

  • Habilidades para entenderle, para saber qué necesita.
  • Habilidades para elegir o diseñar experiencias educativas que contribuyan a su desarrollo.
  • Habilidades para establecer una comunicación continua.

El trabajo por tanto es una intervención psicopedagógica integral, que trabaja tanto con el niño como con la familia colaborando con la escuela y que incide en todos los ámbitos vitales del niño desde el área emocional hasta el área educativa.